EL PAÍS - Madrid · 20-04-1999
CC OO abre su teatro al club de jazz de Músicos Asociados
FEDERICO GONZÁLEZ - Madrid

 
 
 
 

 

 

 
 

Músicos Asociados, la sociedad creada para afrontar los problemas de los músicos y, de paso, acabar con el prejuicio de que el artista español es un individualista endémico, ha tomado la iniciativa de crear un espacio abierto no sólo a músicos, aficionados y críticos, sino también a cualquier persona que quiera iniciarse en el conocimiento del jazz y de otras músicas creativas.
El local elegido es el del Ateneo Cultural 1º de Mayo de Comisiones Obreras. El crítico y presentador Juan Claudio Cifuentes será mañana el maestro de ceremonias del acto, que pondrá en marcha este oportuno proyecto que pretende proponer desde conciertos programados y encuentros informales a tertulias y mesas redondas. La sesión se completará con una actuación del cuarteto del guitarrista Chema Sáiz, bien conocido en la capital por sus insólitas versiones en clave de jazz de temas como Mi carro o La vaca lechera, y una jam session como colofón. Las siguientes actuaciones contarán con el Trío de Germán Kucich y Tata Quintana Grupo. El proyecto ha merecido la más entusiasta bienvenida de los aficionados porque Madrid, a diferencia de muchas otras ciudades europeas, nunca ha dispuesto de un espacio dedicado al intercambio activo de ideas entre los diferentes sectores que conforman el ámbito musical.
Aunque es indudable que ha conocido tiempos mejores, el jazz en Madrid dispone de un circuito más o menos activo de clubes, aunque la mayoría de ellos deban recurrir a artistas de otros géneros de mayor tirón popular para sanear sus economías. El más fiel al jazz sigue siendo el Café Central. La parroquia de este veterano local que abrió sus puertas en 1982, guarda en su memoria semanas de conciertos tan impresionantes como las ofrecidas por Tete Montoliu, Randy Weston o el cuarteto codirigido por George Adams y Don Pullen. La programación actual quizá no tenga el brillo de antaño, pero mantiene el tipo gracias a la alternancia de músicos nacionales y extranjeros de interés y a la ocasional convocatoria de algún nombre importante. La decoración del café encaja a la perfección en lo que algunas guías turísticas llaman locales con encanto, lo que explica que el lugar sea visitado con frecuencia por curiosos en general, además de por aficionados extranjeros dispuestos a vivir la noche jazzística madrileña. En su momento de esplendor, el Central fue señalado en una revista especializada británica entre los 10 clubes europeos más interesantes, en directa competencia con salas del nivel del Montmartre de Copenhague o el New Morning parisiense. El escaso aforo de la sala impide a sus responsables realizar grandes desembolsos, pero facilita el contacto directo entre los músicos y la audiencia.
Otras dos salas tradicionalmente abiertas al jazz son Galileo y Clamores. La primera se ha incorporado al circuito de esta música gracias sobre todo a haber acogido recientemente algunos conciertos del Festival de Jazz de Madrid. La segunda, de atmósfera mucho más afín a la de los clubes neyorquinos, monta sus programas mensuales en torno al blues y a la música brasileña y cubana, aunque suele reservar para el jazz una parte significativa de su cartel.
Dexter Gordon
Similar filosofía sigue el Café Populart, otro espacio reducido que, además de haber brindado en un pasado reciente tórridas sesiones protagonizadas por músicos de campanillas, mantiene su compromiso con el jazz a través de proyectos como el que se puede escuchar en estos días, un homenaje al maestro Dexter Gordon a cargo de un cuarteto al que se suman invitados como el espléndido saxofonista Bob Sands. Bajando por la calle Huertas todavía se puede encontrar otro espacio hace poco incorporado a la ruta del jazz madrileño. La Fídula, más conocida por sus actuaciones en vivo de música clásica, ha ensanchado su rango de intereses y desde el año pasado ofrece ciclos tan sugerentes como el que reunió a cuatro de las mejores cantantes del país en torno a la figura de Billie Holiday o como el que tiene previsto desarrollar entre el 27 de abril y el 1 de mayo en homenaje a Duke Ellington con motivo del centenario de su nacimiento. El escrupuloso silencio que guarda el público durante los pases es uno de los mayores atractivos de esta sala que ha contribuido a refrescar la actividad jazzística de la capital. Otros locales, como el Dizzy de Las Matas, defienden su posición periférica con carteles modestos que, no obstante, hacen las veces de servicio de urgencia para quien necesite mitigar el hambre de jazz sin necesidad de desplazarse hasta el centro. Finalmente es obligado citar al San Juan Evangelista. No es un club ni es un teatro: simplemente es la catedral del jazz de Madrid, lugar de culto donde a lo largo de sus casi 30 años de existencia tanta música celestial se ha podido escuchar.

 
 

 

 

 
 

 

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